This would be a good death... but not good enough (Frank Miller)
Para TÍ con todo mi cariño (aunque te gusten las películas de Schumacher más que las de Burton)
Y para ep, yc, y fz (a los maestros con cariño)
¡Feliz Cumpleaños al Caballero Oscuro!
Hace 70 años ya, se publicó el número 27 de Detective Comics, presentando por primera vez a aquel que llegaría a ser uno de los más grandes íconos populares del cómic, Bat-Man, creación de Bob Kane y Bill Finger.Tal vez podría pensarse que sólo era un superhéroe más, pero lo maravilloso de esa primera aparición era que se presentaba a un héroe sin un código como después se establecería (con un marcado respeto por la vida humana, por ejemplo), sino uno al que no le importa cómo se solucione el crimen, sin un particular interés por lo que ocurra con el criminal. En el caso de este número en particular, el asesino cae en un tonel de ácido, a lo que Batman sólo respondería: “A fitting end for his kind”, actitud que lo acompañaría por algún tiempo.
Pero este comportamiento pronto se vio amainado con la aparición del Joven Maravilla, unos cuantos meses después, y el Hombre Murciélago se convertiría en una figura un tanto paternal, que además de depender de su habilidad deductiva, dependía de una de artículos como el batimóvil, el batarang, y una multitud de dispositivos presentados con el ya conocido prefijo “bati” (gag que llegaría a extremos un tanto deshonrosos, como es el caso del bati-repelente de tiburones, en la película de 1966). Durante esta etapa, Batman utilizaba los medios que tenía a su disposición para detener al criminal, los cuales también podían llegar a ser ridículos, pero no por eso menos eficaces. Ejemplos de esto son un pastel gigante relleno de murciélagos (en “The Joker’s Crime Costumes”, Batman No. 63, de 1951), varios modelos a escala del batimóbil y el batiavión (en “The Joker’s Jury”, Batman No. 163, de 1964), o dos gigantescos tubos de pintura (En “The Joker’s Happy Victims”, Batman Kellog’s Special, de 1966).
Afortunadamente llegaron los 70, y el personaje, llevado por Dennis O’Neill, Neil Adams, Jim Aparo, y un largo etcétera, regresaba a un punto en que todo podía solucionarse gracias a la deducción y a su entrenamiento físico, un personaje en las sombras. Pero es tal vez en los 80 cuando el Caballero Oscuro regresaba a la oscuridad propia del personaje. Alan Moore, en The Killing Joke, explicaba la relación de dependencia que existe entre Batman y el Guasón, cómo uno no puede existir sin el otro. Frank Miller nos mostró un mundo en el futuro en el Batman tiene que recurrir a unos métodos similares a los que utilizan los villanos a los que combate, sin cruzar la línea que lo separa de ellos, y además se presentaba como un digno rival de Superman, golpe por golpe, dispuesto a hacer el último sacrificio en pro de sus ideales. Y Grant Morrison, en Arkham Asylum, presentaba a un Batman dispuesto a cualquier cosa con tal de demostrar que él es diferente a los residentes del Asilo Arkham, todos los villanos a los que ha capturado una y otra vez, pero que esta vez ellos son los que lo tienen atrapado.
Durante los 90 se dio el cambio más drástico hasta ese momento, Bane rompió al Hombre Murciélago, incapacitándolo para continuar su lucha, pero su lugar fue ocupado por Jean Paul Valley, conocido como Azrael, hasta el regreso triunfal de Bruce Wayne, de quien este año no sólo celebramos el 70 aniversario, sino lamentamos su muerte.
Pero si en el amplio universo de los cómics existe un personaje que merece descansar en paz (sea al menos unos cuantos meses, si es que DC Comics decide que él siga siendo el único y verdadero Batman), es Bruce Wayne.
El Caballero Oscuro ha muerto… Larga Vida al Caballero Oscuro.

